martes, 22 de marzo de 2011

Tramposos a la carrera

Si buscamos en un diccionario la palabra trampa encontramos, entre otras, estas dos acepciones: “Contravención disimulada a una ley, convenio o regla, o manera de eludirla, con miras al provecho propio”; “Infracción maliciosa de las reglas de un juego o de una competición”. Desde sus primeros tiempos como deporte, el atletismo no ha estado exento de trampas y engaños de todo tipo. Aquí repasamos algunas de las más curiosas.

1. El primer tramposo de la historia del atletismo
Spiridon Belokas fue uno de los 18 valientes que tomaron parte en el maratón de los primeros Juegos Olímpicos de la era Moderna, disputados en Atenas (1896). La carrera tuvo numerosas alternativas e incidencias, fruto de un esfuerzo al que muchos de estos hombres no estaban acostumbrados. En el kilómetro 16 lideraban la prueba tres de los cuatro atletas foráneos (el australiano Flack, el francés Lermusiaux, y el norteamericano Blake), pero los tres desfallecieron por no saber regular sus fuerzas. Fue el local Spiridon Louis quien entró primero en el estadio para cruzar la línea de meta, como vencedor, entre los vítores de los espectadores. Tras él llegaron otros dos atletas griegos (Charilaos Vasilakpos y Spiridon Belokas), aunque éste último fue descalificado tras comprobarse que había recorrido parte del trayecto en un carruaje. A pocos kilómetros de la meta, el único extranjero que continuaba en carrera, el húngaro Kellner, vio como el joven atleta heleno le pasaba descaradamente subido a un carro, por lo que al llegar a la meta denunció el caso ante los jueces. Según cronistas de la época, los compañeros de equipo de Belokas se arrancaron el escudo nacional de su camiseta indignados, y el propio rey Jorge regaló a Kellner su reloj de oro, como desagravio. De esta manera, Spiridon Belokas ha pasado a la historia como el primer tramposo del olimpismo moderno.

2. Descalificado en la carrera más loca
En el maratón de los Juegos Olímpicos de San Luis de 1904, el estadounidense Fred Lorz llegó al estadio en primera posición, fue aclamado como un héroe e incluso se fotografió con Alice Roosevelt, la hija del presidente de los Estados Unidos. Pero pronto se descubrió que entre los kilómetros 15 y 30 había hecho el recorrido subido a un coche. Lorz -en la imagen inferior- se justificó diciendo que no lo tenía premeditado, que se había retirado en el kilómetro 15 con fuertes calambres, y que pidió a un espectador que le acercara al estadio en su coche. Pero el vehículo se averió a 10 kilómetros de la meta, así que, ya recuperado de sus problemas físicos, decidió terminar la prueba corriendo y fingir que era el campeón. Fue descalificado a perpetuidad, pero luego se le perdonó y ganó el Maratón de Boston del año siguiente. Aquella carrera resultó ser una de las más locas de la historia del atletismo, con altísimas temperaturas y un solo punto de avituallamiento de agua; un participante (el cubano Félix Carvajal) que se presentó a la línea de salida con zapatos de calle, pantalones largos, camisa de manga larga y boina; dos africanos (los primeros atletas de color en participar en unos Juegos) perseguidos por unos perros rabiosos; y un ganador (el norteamericano Thomas Hicks) cuya victoria casi le cuesta la vida. A Hicks –payaso de profesión- le acompañaban varios amigos a bordo de un coche, y cuando le vieron flaquear le dieron pastillas de sulfato de estricnina (un estimulante) y varias claras de huevo. Luego, le dieron más estricnina, coñac y le “refrescaron” con agua del radiador. Llegó a meta tambaleándose y una vez rebasada ésta se desplomó, al borde del coma. “Es más difícil ganar una carrera así que ser presidente de Estados Unidos”, dijo después de recuperarse.

3. Dora se llamaba Hermann
En 1936 la alemana Dora Ratjen tuvo la oportunidad de participar en la prueba de salto de altura femenino de los Juegos Olímpicos de Berlín gracias a la prohibición del régimen nazi a su mejor saltadora, de origen judío; Ratjen acabó en cuarta posición. Sus innegables rasgos masculinos generaron no pocas polémicas y protestas de las rivales, ante las que respondía que padecía una especie de hermafroditismo. Dos años después, logró batir el record del mundo de salto de altura durante los Campeonatos de Europa de Viena. Finalmente, el misterio fue desvelado en los años 50 cuando dos admiradores descubrieron que llevaba peluca en una estación de trenes de Alemania. Fue sometido a exámenes médicos, que confirmaron que tenía genitales masculinos. Entonces se confirmó el engaño: la buena de Dora era realmente un hombre, llamado Hermann Ratjen, por lo que fue desposeído de sus títulos y marcas. En 1957, terminó admitiendo que era un hombre, y alegó que fue obligado a recurrir a este engaño: "Yo siempre he sido hombre, pero el régimen nazi, obsesionado con ganar una medalla, me obligó a competir como mujer", dijo entonces.

4. Una tramposa profesional
Rosie Ruiz, estadounidense de origen cubano, ganó el maratón de Boston en 1980. Recibió los laureles y la medalla, se hizo las fotos con el ganador masculino, el mítico Bill Rodgers, y respondió a las entrevistas… pero algo no cuadraba. Si sorprendente fue su triunfo (era una desconocida en el atletismo), más aún lo era su extraordinario tiempo: 2 horas 31 minutos y 56 segundos, tercera mejor marca mundial de todos los tiempos y ¡25 minutos menos que lo que había tardado el año anterior en completar el maratón de Nueva York! Además, las otras atletas no recordaban haber corrido con ella y no aparecía en las fotos y vídeos tomadas durante la prueba. Fue descalificada al comprobarse la trampa: no había tomado la salida junto al resto de corredores, saliendo de entre el público a mitad de carrera para completar tan sólo la parte final. Poco después, el director del maratón de Nueva York manifestó su firme creencia de que Ruiz tampoco había completado la totalidad del recorrido en el maratón de la Gran Manzana de 1979. Pero su “historial” como tramposa no termina ahí, llegando a alcanzar tintes delictivos: unos años más tarde fue detenida en Nueva York acusada de falsificación y robo, y pasó una semana en la cárcel. Un año después, fue encarcelada de nuevo en Miami por vender cocaína a agentes encubiertos.

5. La (falsa) carrera más rápida de la historia
En 1987 Ben Johnson batía el record del mundo de los 100 metros lisos en los Campeonatos del Mundo de Roma. Un año después, su duelo con Carl Lewis en los 100 metros de los Juegos Olímpicos de Seúl 1988 centraba la atención de todo el mundo. La final superó todas las expectativas y, en una carrera espectacular -denominada entonces la “carrera del siglo”- Big Ben se impuso con contundencia logrando un nuevo record del mundo (9,79). Pero tres días después Johnson fue despojado de la medalla de oro y del record al dar positivo en el control antidopaje por el esteroide Stanozolol. Posteriormente, el canadiense admitió haberse dopado desde 1981 y la IAAF le quitó todos los récords y medallas conseguidos desde 1984. “He tomado pastillas de todos los colores”, admitió ante el juez. En 1993 dio positivo de nuevo en una carrera en Montreal, y fue suspendido de por vida.

6. ¿Con bigote o sin bigote?
El argelino Abbes Tehami, antiguo campeón de 1.500 metros de su país, se impuso en el maratón de Bruselas de 1991. Pero el posterior análisis de las fotos revelaba algo extraño: Tehami tenía bigote en la salida y llegó a la meta sin él… ¿cómo era eso posible? Posteriormente se supo la verdad: quien había tomado la salida con su dorsal no era él, sino su entrenador, Bensalem Hamiani, quien habría corrido unos siete kilómetros antes de pasarle el dorsal. Pese a cierto parecido entre ambos, el engaño salió a la luz por el bigote que lucía Hamiani y del que carecía el tramposo vencedor.

7. El cambiazo fallido de Katrin Krabbe
Katrin Krabbe se convirtió a principios de los 90 en la reina europea de la velocidad. Campeona del mundo de los 100 y 200 metros en 1991, pronto se consagró como el símbolo atlético de la Alemania unificada, algo a lo que también contribuyó su belleza y simpatía. Sin embargo, pronto cayó en desgracia al dar positivo por clembuterol (sustancia que aumenta el volumen muscular) en un control de orina realizado en 1992 en Sudáfrica. Junto a ella fueron “cazadas” otras atletas germanas como Grit Breuer y Silke Möller. Después se supo que Krabbe intentó cambiar su muestra de orina por otra que llevaba escondida en la vagina, dentro de un pequeño depósito del tamaño y la forma de un tampón, en un engaño al que muy posiblemente no fuera la primera vez que recurría. Pero al estar muy vigilada durante el control (ya sospechaban de ella), no pudo dar el “cambiazo”.

8. A la Universidad vía maratón
Pero ningún caso de fraude masivo en carreras populares como el que aconteció el pasado 2 de enero de 2010 en el Maratón de Xiamén (China). Horas después de finalizar la prueba, 30 de los 100 primeros llegados fueron descalificados acusados de haber recurrido a diversas argucias ilegales: muchos de ellos utilizaron un coche o la bicicleta para completar parte de su recorrido, otros utilizaron “atajos” para recorrer una distancia menor a la estipulada, y otros pagaron a atletas de mucho más nivel para que, portando su chip, establecieran por ellos estos buenos resultados. Las autoridades deportivas de la provincia de Fujian comprobaron dichos engaños tras revisar distintas filmaciones de la carrera. Según comunicaron, el tiempo medio que habían empleado los 30 atletas descalificados fue de 2 horas y 34 minutos, un crono realmente bueno para un atleta popular. Los “tramposos” no eran ni siquiera atletas habituales, sino estudiantes que se estaban jugando con su puesto en el maratón puntos extras para el examen de ingreso a la Universidad o para conseguir becas universitarias.

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